Por qué este GIF sobre el cambio climático se ha vuelto viral (y qué podemos aprender de ello)

Es posible que ya hayas visto este GIF en las redes sociales; en caso contrario, no creo que tardes mucho.

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La imagen muestra, para los últimos 166 años, cómo han variado mensualmente las diferencias de temperatura comparadas con la media de 1850-1900. Es decir, cuánto más cálido (o frío) ha sido un año respecto de la segunda mitad del s. XIX. La variación describe una espiral hipnótica que se aproxima, en este 2016, a las líneas de 1,5ºC y 2 ºC. Estos límites, marcados en rojo, representan el consenso actual sobre las el incremento de temperatura que no deberíamos superar, a fin de evitar los efectos más catastróficos e impredecibles del cambio climático. Pero no son una línea mágica que nos protege, ni un precipicio a partir del cual todo se desmorona: sencillamente, hemos concluido que somos incapaces de prever con exactitud qué pasará a partir de los 2 grados, así que mejor intentamos evitarlos. Por debajo también hay –y el verbo se conjuga en presente, puesto que muchos de estos efectos ya se están observando y hemos consumido uno de esos dos grados- consecuencias: subida del nivel del mar, aumento de los fenómenos meteorológicos extremo, retroceso de glaciares, escasez de agua potable, dispersión de enfermedades tropicales, alteración de ecosistemas o blanqueamiento del coral. Así que lo que nos muestra el GIF es una carrera desbocada hacia el borde del ring. Si tocamos la cuerda y nos caemos no nos descalifican, pero el golpe nos dolerá mucho.

Pero a lo que íbamos: ¿por qué este GIF y todas las noticias que lo contienen se han compartido miles de veces? Cada mes tenemos un resumen del aumento de temperaturas, y el grado de difusión no es ni comparable. La mayor parte de los gráficos de anomalías de temperatura son más o menos como estos: o bien

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Son relativamente fáciles de interpretar, y algunos, como el último, contienen datos puntuales, estimación del error y una tendencia para visualizar mejor los datos. Y pasan desapercibidas. De hecho, los valores de las anomalías son más sencillos de leer en estas imágenes que en la espiral. ¿Y entonces?

Pero más aún: los resultados que Ed Hawkins muestra en el GIF ya los había hecho públicos hace unos días, primero en la forma tradicional (ejes X-Y para años-temperatura), y después en el círculo, pero estático. Obtuvieron un eco moderado, el habitual entre aquellos interesados en el tema.

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Han pasado de moverse en parámetros normales a que el GIF en espiral les haya roto, literalmente, los servidores.

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¿Qué podemos aprender de ello? Afortunadamente, Ed Hawkins ha colgado en las últimas semanas unos cuantos tuits que muestran los datos de forma distinta, lo que nos permite (intentar) discriminar la influencia de los factores por separado. Una consideración previa: nunca sabemos qué va a funcionar en comunicación del cambio climático. A veces vamos a ciegas y, sorprendentemente, damos con la tecla

  1. Es un GIF, no una imagen estática. Cualquier noticia funciona mejor con imágenes, y cualquier tuit funciona mejor con un GIF, porque nos llama la atención, nos interese o no. A pesar del magnetismo estético, el primer tuit de Hawkins con la espiral, estática (JPEG), se quedó a mucha distancia de la viralidad del GIF.ed hawk clim3
  2. El GIF es bonito (hay varios comentarios al respecto en Twitter). Bonito de bonito: hipnótico, colorido, apetece verlo aunque nos esté contando algo terrible. Aunque se mueva, tiene que ser bonito: el 22 de abril Ed Hawkins colgó un GIF con los mismos datos, pero no tuvo apenas repercusión (poco más de 20 retuits).ed hawk clim2.jpg
  3. Es diferente. Ni los periodistas, ni los investigadores, ni los divulgadores, ni la mayoría de la gente estamos acostumbrados a que se nos presenten los datos de forma innovadora y sorprendente. Esperamos gráficos de barras, líneas ascendentes o mapamundis coloreados en rojo. No una imagen mesmerizante que podríamos mirar durante horas.
  4. Nace de la colaboración. Aunque todo el ruido mediático se lo está llevando Hawkins, fue otra persona (como él mismo reconoce) quien le propuso la idea de la espiral: Jan Fuglestvedt. No basta con tener una buena idea, o con ser bueno con los datos: hay que juntar creatividad y técnica. Mirad los tuits y gráficos anteriores de Hawkings y comparadlos con el que hace a partir de la inspiración de Fuglestvedt.
  5. Se acaba beneficiando del efecto alud: se empieza a compartir y claro, al ver que tiene éxito más gente la comparte o la incrusta en noticias, lo cual hace que aún se viralice más, con lo cual se comparte más, etc… Si no, ¿por qué estoy escribiendo yo de ello?

 

Por qué este año sí apagaré las luces en la Hora del Planeta

Nunca había apagado las luces en “La hora del Planeta”, que organiza WWF, y no precisamente porque no esté concienciado sobre el cambio climático. En primer lugar pensaba (sigo pensando, de hecho) que hablar de “Planeta” es incorrecto y, lo que es más importante, desincentivador. El cambio climático no va del planeta (que lleva dando vueltas al Sol 4.500 millones de años y ha sufrido incontables cambios climáticos) sino de NOSOTROS: si es extremadamente urgente actuar contra el cambio climático es por el impacto que tendrá (y que ya tiene) sobre las sociedades humanas. Así, al hablar del “Planeta” desviamos la atención hacia algo por lo que mucha gente no siente apego (sí lo tienen por su pueblo o paisaje preferido, pero no por la Tierra, en abstracto), y que además da la sensación de inabarcable. ¿Cómo va a cambiar algo lo que yo haga frente a la inmensidad de esta bola de roca?

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Había también un segundo motivo: el ahorro conseguido por “La hora del Planeta” es muy cuestionable, debido a las características de nuestra red eléctrica y las bombillas que usamos. Es hasta posible que el uso de iluminación más eficiente (como los LED) implique que se ahorre menos energía durante el apagado.

Pero no ha sido eso lo que me ha hecho cambiar de opinión. Después de discutir sobre el asunto con muchas personas, este año apagaré las luces por estos dos motivos:

  1. Hay gente que no sabe qué es el cambio climático. Y no hablo de niveles educativos. Hablo de que es relativamente fácil vivir al margen del cambio climático, debido a la poca presencia mediática y a su identificación con catástrofes esporádicas, pero no con un cambio continuado. Es más: un gran porcentaje de gente asocia el cambio climático con el agujero de la capa de ozono. Y es posible que por culpa de esta confusión (el calentamiento global no tiene nada que ver con el agujero de la capa de ozono) no sepan qué acciones tomar para mitigarlo. El resultado de la hora del Planeta puede ser que de pronto alguien vea la Torre Eiffel o la Ciutat de les Arts i les Ciències sin iluminación y se pregunte por qué, y que tras buscarlo aprenda que un gesto tan sencillo como apagar la luz puede cambiar las cosas.
  2. La pregunta, claro, es si realmente una acción individual puede cambiar algo, cuando la reflexión habitual es que “si lo hago yo solo pero nadie más, no vale para nada”. Y ahí está el error. Hay un dicho valenciano que aplica a la perfección: “Toda piedra hace pared”. Es decir: cada acción cuenta, cada interruptor suma, cada luz apagada aunque sean quince minutos es una pequeña victoria. Cada trayecto andando en vez de en coche es un gesto valioso, y cada grifo del agua bien puesto un paso más en la dirección correcta. Cualquier cosa que hagas, en cualquier contexto, y suponga un ahorro energético, es útil y necesaria para combatir el calentamiento global. No lo olvides, ni el día 19 ni a partir de entonces: cambia tu para que el clima no cambie.

Y por todo ello apagaré la luz el día 19 de marzo, de 20:30 a 21:30, dondequiera que esté. Es una hora, ahorrarás dinero y te propongo una cosa: dedícala a leer sobre cambio climático. Si nos prestas sesenta minutos de oscuridad hoy, el futuro será más luminoso mañana.

Ocho libros y cinco revistas para entender el cambio climático

¿Qué es el cambio climático? ¿Tiene algo que ver con el agujero de la capa de ozono? ¿Por qué hablamos tanto de “2ºC”? ¿De verdad importa lo que yo puedo hacer?

Son preguntas legítimas y muy frecuentes. La avalancha informativa a veces ahoga por exceso de información y sí, sabemos que en la COP21 de París se ha hablado de cambio climático… ¿pero de qué? ¿Por qué? Hablamos tanto de la lucha contra el cambio climático que se nos ha olvidado qué causa el calentamiento global. ¿Son sólo los coches y las fábricas que ilustran los reportajes? ¿O hay algo más? ¿Por qué no podemos filtrar el dióxido de carbono y almacenarlo en bloques de carbón? ¿O acaso sí podemos?

Las preguntas son numerosas, cada vez más. Para tratar de darles respuesta aquí van ocho libros y cinco revistas que os ayudarán a entender por qué estamos ante el gran reto del s. XXI. Cada uno enfoca el cambio climático desde una óptica distinta, y es por ello que los considero complementarios y muy recomendables.

Libros

Dire Predictions (2nd Ed.), de Michael Mann y Lee R. Kump (DK)

De momento sólo está en inglés, pero si tuviese que recomendar un único libro, sería este. Se nutre de los informes del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático), de los cuales sus autores participan, para elaborar un libro muy atractivo, visualmente arrollador, con datos bien presentados, tipografía clara y explicaciones sencillas. Kump y Mann (autor este último del también recomendable “The Hockey Stick and the Climate Wars”) se hacen las preguntas que se haría cualquier persona al enfrentarse al tema, y consiguen divulgar la ciencia asociada al cambio climático con fluidez, maestría y entusiasmo. El libro clave para entender las bases físicas del calentamiento global, cómo funcionan las proyecciones y los modelos climáticos, y los impactos y alternativas que tenemos para mitigarlos.

Calor: cómo parar el calentamiento global, de George Monbiot (RBA)

Un estudio concienzudo a más no poder sobre las alternativas que tenemos para reducir drásticamente nuestras emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). A pesar de ser de 2008, de los aspectos técnicos y de estar referido en su mayor parte a Reino Unido, es un libro imprescindible. Vale la pena sólo por el prólogo y primer capítulo, de una lucidez hiriente.

Esto lo cambia todo, de Naomi Klein (Paidós)

El cambio climático es la narrativa más potente frente al capitalismo y las desigualdades: de eso trata de convencernos Naomi Klein a lo largo de este documentadísimo libro (quizás en exceso). ¿Lo consigue? Difícil es que no lo haga con los ejemplos que presenta a lo largo de sus más de 600 páginas llenas de colisiones entre el capitalismo desregulado post-Reagan y el estado del medio ambiente. Klein aboga por un cambio de modelo, usando el calentamiento global como impulsor. Y en eso (también) tiene razón: hay que renunciar a los sueños de soluciones tecnológicas que lo arreglen todo, para que podamos seguir comportándonos igual.

El cambio climático. Una realidad, de Isabel Ripa (Viceversa ayer y hoy)

Una introducción sencilla, corta, suficientemente rigurosa y bastante amena de toda la problemática asociada. Es un libro activista (está editado en colaboración con WWF), y yerra en algunos referentes (como la portada: un oso polar). Es un buen sitio por donde empezar si quieres algo en castellano, barato (se puede conseguir en librerías de saldo) y que ofrezca una panorámica global, además de consejos concretos y bastante útiles sobre cómo disminuir nuestra huella de carbono.

Las mentiras del cambio climático, Jorge Alcalde (LibrosLibres)

De lo mejor que le he leído a un “escéptico climático”, aunque no consiga convencer. Está bien escrito, lo que no impide que mi ejemplar esté lleno de tachones, refutaciones y comentarios al margen de las páginas. Útil en tanto que te ayuda a pensar, te obliga a buscar información y consigue, de rebote y sin pretenderlo, fortalecer a quienes defendemos que hay que actuar ya frente al cambio climático.

Climate Change Denial: Heads in the Sand, de Haydn Washington y John Cook (Routledge)

El mejor libro que leeréis sobre negacionistas del cambio climático. Con numerosas referencias al fundamental texto de Oreskes y Conway (“Merchants of Doubt”), es más conciso y directo. Sin militancia y con un uso impecable de los datos y del razonamiento, Washington y Cook desmontan los mitos y desarman las llamadas a no actuar de los lobbies negacionistas.

Atmosphere of Hope, de Tim Flannery (Penguin)

Flannery ya escribió en 2005 un muy buen libro sobre el calentamiento globlal, traducido horriblemente al castellano como “La amenaza del cambio climático” (en original: “The Weather Makers: The History & Future Impact of Climate Change”), pero me gusta más el enfoque del que se editó en 2015. “Atmósfera de esperanza” casa muy bien con el nombre de este blog: no es tarde para evitar un cambio climático catastrófico. Flannery examina todas las posibilidades para actuar, tratando de arrojar luz y la certeza de que tenemos margen para actuar.

The Planet Remade: How Geoengineering Could Change the World, de Oliver Morton (Granta Books)

Estoy leyéndomelo, pero sí, es lo que parece: un libro sobre las posibilidades reales de la geoingeniería. No encontraréis nada de chemtrails ni conspiranoias, sino un análisis riguroso, extraordinariamente bien documentado y muy ameno (es apasionante la parte en la que explica la exploración de la estratosfera) sobre qué podemos hacer para mitigar el calentamiento global. Morton parte de una premisa: es muy complicado que reduzcamos las emisiones de gases de efecto invernadero al ritmo que deberíamos, así que necesitamos ayuda extra. ¿Cómo? Por ejemplo, desplegando miles de espejos que reflejen la luz del Sol y disminuyan la cantidad de energía que llega a la superficie del planeta. Un libro arriesgado, y quien sabe si premonitorio.

Otros títulos en castellano

Más allá de los ocho títulos reseñados también se puede encontrar “Cambio Climático”, de Carlos M. Duarte y Miguel Losada, inexplicablemente caro (como todo lo que edita el CSIC) y algo más árido, o “El Cambio Climático”, de Josep Enric Llebot, más antiguo pero muy didáctico. Con “El año que mi abuelo vio llover” Tomás Molina, meteorólogo de TV3, realiza una aproximación global e integradora, abordando aspectos más allá de las dinámicas climáticas, como el modelo productivo, la transición energética o el papel de la agricultura y ganadería. Sobre el País Valenciano encontraréis “Territori valencià i canvi climàtic”, compendio de capítulos cortos de distintos autores (y por lo tanto bastante irregular), y “El canvi climàtic a casa nostra de Maria J. Picó, un texto centrado en un territorio concreto, accesible, con abundante información y bien editado, pero cuya portada desmerece el título y el enfoque: ¿qué hace un oso polar ahí, si estamos hablando de la cuenca mediterránea? Cosas del editor, supongo.

Revistas

Quinto Informe del IPCC

De acuerdo, no es una revista, pero casi. Hacedme caso: los informes que publica el IPCC (especialmente el de síntesis) son cortos, relativamente accesibles y muy útiles, especialmente la parte gráfica. Aquí encontraréis todo sobre las bases físicas del cambio climático y los escenarios que se generan en base a los modelos actuales.

Living in a changing climate”, Agencia Europea del Medio Ambiente

Un pequeño informe, redactado en forma de capítulos cortos y entrevistas, muy accesible, claro y pedagógico. En la web de la agencia podéis descargarlo o pedirlo en papel (es gratis).

Vivir con el cambio climático” Mètode (nº 85)

Uno de los últimos números de Mètode, la mejor revista de divulgación científica que se edita en España, versa sobre vivir con el cambio climático, y las aportaciones al número son extraordinariamente interesantes, especialmente desde la óptica de la acción ciudadana, gobierno y comunicación.

La ciencia ante el cambio climático”, Investigación y Ciencia, Temas nº82

Este monográfico de “Investigación y Ciencia” está dedicado a reflexionar sobre el papel de la ciencia ante el reto mayúsculo que es investigar, comunicar y actuar frente al cambio climático. Hay artículos sobre climatología, sociología, oceanografía, ecología o indicadores para informar a las políticas. Actualizada y útil.

“La Tierra se calienta: enfríala”, National Geographic (nº 375, noviembre de 2015)

Aunque tras la compra de National Geographic por parte de Rupert Murdoch (un declarado negacionista climático) se activaron todas las alarmas, el número de noviembre del año pasado es muy recomendable. Un resumen muy “NG” del cambio climático, con buenas historias, magníficas fotos y también algo de esperanza.

Cambiemos los osos polares por cucarachas

Esta mañana me he despertado y he puesto, como de costumbre, la radio. En una de las pausas publicitarias, la voz siempre jovial de una mujer que se hace llamar Rosa Márquez nos avisaba de que debíamos aprovechar las ofertas de El Corte Inglés, “ahora que ha llegado el frío”.

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O han hecho la sesión de fotos en una cámara frigorífica, o la sonsrisa de este modelo del ECI es un rictus debido a la fiebre.

Yo, en ese momento, sujetaba una taza tibia de café con leche, e iba con manga corta y una rebeca vieja. Lo que me ha llamado la atención no es el eslogan sobre la necesidad de comprar ropa de abrigo en un momento en el que aún no me hace falta, sino el hecho de que El Corte Inglés, famoso por anunciar prendas otoñales cuando aún estamos tostándonos a treinta grados en la playa, haya tenido que esperarse hasta mitad de enero para publicitar su colección de invierno. Y de hecho, a pesar de que Rosa casi me convence de comprarme un jersey de cuello vuelto que nunca me pondré, no he encendido la calefacción en todo lo que llevamos de enero –ni en diciembre tampoco.

Poco después, cuando aún seguía pensando en lo inusual y revelador del anuncio, me han avisado de un tuit (gracias, @almujul) que es aún más explícito.

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Cucarachas en enero. Lo realmente preocupante es que no es la única noticia que me ha llegado (mi madre y un amigo me han avisado de avistamientos recientes); de hecho, hace un par de semanas vi un ejemplar correteando tranquilamente por la calle. Y ya sé que sueno a abuelo en las noticias, diciendo que “nunca había visto llover así”, pero creedme: nunca había visto cucarachas en invierno.

Así que quizás habría que empezar a cambiar los referentes. Quizás, como bien ha dicho @almujul, deberíamos dejar de pensar en osos polares, con los que no nos cruzaremos nunca (por suerte para ellos) y asociar el cambio climático a la proliferación de plagas, con lo que conlleva a nivel sanitario y estético. Quizás deberíamos preguntarnos si realmente necesitamos toda esa ropa tan abrigada. Quizás lo que nos depara el calentamiento global son trampas de Cucal y un armario ropero lleno aún de naftalina y jerseys a mitad de enero.

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Así se sienten los científicos que estudian el cambio climático

Existe una página en Internet llamada “¿Es así como te sientes?”. En ella, científicos de alrededor del mundo expresan, con cartas manuscritas de su puño y letra, la frustración por darse de bruces todos los días con datos descorazonadores y comprobar cómo nada cambia, cómo no hay respuesta. Lo hacen con mala letra y trazo a veces indescifrable, sobre hojas en sucio o en libretas de laboratorio. Escriben con rabia y también con plomo en los dedos.

Algunas cartas son optimistas, otras están escritas con hollín y desesperanza. Pero detrás de cada una hay una persona de carne y hueso. Esto no son informes que parecen redactados por un robot, ni textos llenos de tachones en pro de un acuerdo viscoso, sin identidad, sin mensaje. Son gritos, risas nerviosas, lágrimas, deseos y pesadillas.

¿Es así como te sientes?

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A veces tengo este sueño.

 

Me voy de caminata y descubro una granja remota en llamas.

 

Los niños piden ayuda de las ventanas superiores. Así que llamo a los bomberos. Pero ellos no vienen, porque una persona desquiciada les dice una y otra vez que se trata de una falsa alarma.

 

La situación es cada vez más y más desesperada, pero no puedo convencer a los bomberos de que se pongan en marcha.

 

No puedo despertar de esta pesadilla.

 

Stefan Rahmstorf

Head of Earth System Analysis

Potsdam Institute for Climate Impact Research