Cuarenta años de democracia (y de cambio climático)

Observo con estupor cómo el debate sobre el cambio climático sigue ausente de la vida política española. Algunas menciones de pasada, y casi ni eso. Quienes se proponen gobernar nuestro país los próximos cuatro años, hasta 2020, se olvidan sistemáticamente de uno de los grandes retos que tendrán que afrontar. Llegados a este punto, ya no sé si es por indiferencia, desconocimiento, menosprecio o que, sencillamente, creen que no nos importa.

Pero el caso es que nos importa. Quizás a la gente le canse ya la cantinela del cambio climático, pero seguro que si hablamos de incendios, inundaciones, reducción en las cosechas, olas de calor, sequía o enfermedades tropicales la cosa cambia. Y más aún si cambiamos el marco, dejando atrás las catástrofes, y hablamos de ciudades más saludables, energía limpia, mejora de la salud, creación de mercados de productos locales, restauración de la naturaleza o reaprovechamiento de los residuos.

Ya es hora de que alguien les asesore también de medio ambiente y ciencia a quienes se postulan para dirigir el gobierno. España es un país muy vulnerable al calentamiento global, que debe adaptarse ya y, a la vez, ser más exigente que el resto para redoblar los esfuerzos en la mitigación. Tenemos la oportunidad de liderar el cambio en muchos sectores, desde el de las energías renovables (condiciones inmejorables) hasta la agricultura, el turismo sostenible o la gestión de recursos hídricos. Destinar parte del presupuesto a ello es una inversión, no un “coste”.

Pero parece que nada de esto funciona. Parece que el calentamiento global está destinado a quedarse fuera del parlamento. Y ya que lo medimos todo en legislaturas, ¿qué tal ver cómo ha cambiado la temperatura del país desde la constituyente (1977-1979) hasta la que debe iniciarse (¡esperemos!) en breve?

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La mayor parte de España experimentará temperaturas entre 1-1.5 ℃ superiores en la siguiente legislatura respecto a los valores de la primera. En menos de 40 años nuestro país se calentará más de la mitad de los famosos 2℃ de seguridad acordados en París. Tanto que se recurre últimamente, enmedio del fracaso de pactos e investiduras, al “espíritu de la transición”, que contraten a un médium y le pregunten por las temperaturas de entonces.

Aún no es tarde para actuar, pero el margen para tomar decisiones contundentes se va cerrando. El primer paso es poner el cambio climático y el medio ambiente en el debate político, y estamos fallando estrepitosamente. La culpa es compartida, y los ciudadanos también somos responsables. Pero aún así, no me entra en la cabeza que alguien que quiere dirigir un país y que está pensando en el futuro, no considere aquello que determinará con mayor intensidad la vida de sus habitantes.

Demostradnos que os preocupáis de verdad por nosotros: hablad de cambio climático.

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