No, no hemos marcado un récord en emisiones de gases de efecto invernadero, pero deberíamos preocuparnos

Estos días hemos podido leer en distintos medios que “la emisión de gases efecto invernadero alcanza niveles récord”.

ep 2015

La noticia (la imagen es de El País, pero un tratamiento similar lo podéis encontrar en El Mundo, eldiario y otros medios) se refiere a un reciente informe estadounidense, El Estado del Clima (de la NOAA -la agencia de USA que se ocupa del estudio de océanos y atmósfera- y que podéis consultar aquí). Sin embargo, en el informe no se habla de emisiones globales de gases de efecto invernadero (GEI), aunque sí se analiza en profundidad el papel que tuvieron los devastadores incendios en Indonesia como fuente de dióxido de carbono (CO2).

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Entonces, ¿de dónde salen los “récords de emisiones” de los que habla la prensa española? Y digo española porque, por poner un par de ejemplos, ni el Washington Post ni la revista de referencia Scientific American hablan, en ningún caso, de emisiones: lo hacen de concentraciones. (Aunque es verdad que otros medios, como Le Monde, también caen en la confusión con las emisiones en la entradilla de su pieza).

Las emisiones antropogénicas de GEI, de hecho, parece que se han estancado durante 2014 y 2015: aquí un artículo en Nature (que recogieron los medios españoles) y aquí un magnífico informe de la Agencia Holandesa para el Medio Ambiente y el JCR de la UE Comission. La primera imagen es de la Agencia Internacional de la Energía (IEA), y aunque sólo considera las emisiones relativas al consumo de energía (sin entrar en la deforestación o agricultura) es bastante informativa; la segunda es del artículo de Nature (y se puede apreciar el impacto del descenso en China).

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[DISCLAIMER: los datos sobre emisiones totales de GEI están dispersos y tardan años en ser procesados. Por ejemplo, en la web relativa a los indicadores para medir los Objetivos del Milenio de la ONU, y a pesar de recibir una actualización en julio de 2015, los datos llegan a 2011. En la web de la EPA (Agencia de Protección Ambiental de USA) no hay datos de volumen de emisiones, y los graficos mostrados son modificaciones del IPCC elaborados con datos de hace años. El listado de recursos de la propia UNFCC -la parte de la ONU que organiza las cumbres sobre cambio climático- tiene enlaces rotos y es poco clara al respecto. El informe de síntesis del IPCC (Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático) es algo más claro, como veremos, y la herramienta CAIT es también muy útil]


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Podemos ver que el grueso de las emisiones (alrededor del 65%, y aumentando) corresponden a los procesos industriales y la quema de combustibles fósiles, por lo que el estancamiento que reflejan tanto la IEA como el estudio de Weiss en Nature son muy significativos. Dicho esto, vayamos a lo preocupante.

La palabra clave es concentraciones. Y sí, estas han subido. Y mucho: 2015 es el año en el que más lo han hecho. El segundo año que más aumentó la concentración de CO2, 1998, ocurrió también en un año marcado por un fenómeno de El Niño fuerte, como se remarca en este extracto del informe de la NOAA.

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El aumento en el observatorio de referencia, en Mauna Loa (Hawái) es continuado y acelerado, y la forma de sierra, que nos habla de incrementos y disminuciones anuales, responde simplemente a los ciclos de vegetación, que cuando crece absorbe grandes cantidades de CO2. La línea negra no engaña.

Pero, ¿cómo es posible que aumente tanto la concentración si emitimos lo mismo o incluso menos que hace unos años? Puede ser que estemos midiendo mal, o que haya fuentes naturales que se nos escapen, pero lo más probable es que el sistema Tierra esté perdiendo la habilidad de absorber tanto dióxido de carbono. De las emisiones actuales, no todo el gas se queda en la atmósfera; si lo hiciese, el calentamiento experimentado hubiese sido muy superior al actual. Parte se queda en la atmósfera, pero otra parte se incorpora a la vegetación, y otra –nada despreciable- se disuelve en los océanos (lo que provoca su acidificación), que a su vez también se están calentando, lo que provoca que sean cada vez  menos capaces de absorber gases (cuanto más fríos, más cantidad de gas se puede disolver).

Lo que esto nos dice es que, incluso bajando el ritmo de emisiones, la concentración aumenta. Aumenta tanto, de hecho, que hemos sobrepasado el límite de las 400 partes por millón de CO2 (ahora también en la Antártida), que puede parecer una cantidad nimia, pero nada más lejos de la realidad. La última vez que alcanzaron ése nivel fue hace 15 millones de años. De hecho, aunque mañana nos vaporizásemos todos los humanos del planeta, la inercia climática haría que el cambio climático siguiese en marcha durante décadas.

Y por supuesto, nos dice que en 2015 nos congratulamos demasiado por los acuerdos climáticos. A finales del año pasado publiqué un post medianamente optimista con lo que había supuesto 2015 para la lucha contra el cambio climático: 2015, el año en el que por fin empezamos a hablar (en serio) de cambio climático. Entre las buenas noticias estaba el fin de la controversia sobre la existencia del calentamiento, los comunicados de distintas religiones mayoritarias, el éxito relativo de París, la construcción de un relato coherente de la lucha climática, el impulso mediático y las metas marcadas.

Sin embargo, esta semana hemos comprobado como “del dicho al hecho hay mucho trecho”, y cómo el cambio climático sigue ahí. Los esfuerzos hechos no son suficientes. Ni de lejos. Sigue sin ser tarde para actuar, pero la ventana de oportunidad no estará abierta para siempre. Llegará un momento en el que los procesos de retroalimentación en los que no intervengamos los humanos serán lo suficientemente potentes como para garantizar siglos de cambio climático.

Así que aprovechémonos: sabemos cómo mantener el crecimiento bajando las emisiones, porque ya lo hemos hecho, y fue una de las buenas noticias del año pasado. Casi seguro que 2016 será otro año de récord (sólo hay que ver el gráfico), pero de nosotros depende que acabe siendo una anomalía o un registro en una tendencia cada vez más peligrosa. Actuemos.

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La primera bajada de emisiones durante un periodo de crecimiento económico: fue en 2015.
El peligroso camino de 2016 (via ClimateCentral)
El peligroso camino de 2016 (via ClimateCentral)
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