Por qué este año sí apagaré las luces en la Hora del Planeta

Nunca había apagado las luces en “La hora del Planeta”, que organiza WWF, y no precisamente porque no esté concienciado sobre el cambio climático. En primer lugar pensaba (sigo pensando, de hecho) que hablar de “Planeta” es incorrecto y, lo que es más importante, desincentivador. El cambio climático no va del planeta (que lleva dando vueltas al Sol 4.500 millones de años y ha sufrido incontables cambios climáticos) sino de NOSOTROS: si es extremadamente urgente actuar contra el cambio climático es por el impacto que tendrá (y que ya tiene) sobre las sociedades humanas. Así, al hablar del “Planeta” desviamos la atención hacia algo por lo que mucha gente no siente apego (sí lo tienen por su pueblo o paisaje preferido, pero no por la Tierra, en abstracto), y que además da la sensación de inabarcable. ¿Cómo va a cambiar algo lo que yo haga frente a la inmensidad de esta bola de roca?

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Había también un segundo motivo: el ahorro conseguido por “La hora del Planeta” es muy cuestionable, debido a las características de nuestra red eléctrica y las bombillas que usamos. Es hasta posible que el uso de iluminación más eficiente (como los LED) implique que se ahorre menos energía durante el apagado.

Pero no ha sido eso lo que me ha hecho cambiar de opinión. Después de discutir sobre el asunto con muchas personas, este año apagaré las luces por estos dos motivos:

  1. Hay gente que no sabe qué es el cambio climático. Y no hablo de niveles educativos. Hablo de que es relativamente fácil vivir al margen del cambio climático, debido a la poca presencia mediática y a su identificación con catástrofes esporádicas, pero no con un cambio continuado. Es más: un gran porcentaje de gente asocia el cambio climático con el agujero de la capa de ozono. Y es posible que por culpa de esta confusión (el calentamiento global no tiene nada que ver con el agujero de la capa de ozono) no sepan qué acciones tomar para mitigarlo. El resultado de la hora del Planeta puede ser que de pronto alguien vea la Torre Eiffel o la Ciutat de les Arts i les Ciències sin iluminación y se pregunte por qué, y que tras buscarlo aprenda que un gesto tan sencillo como apagar la luz puede cambiar las cosas.
  2. La pregunta, claro, es si realmente una acción individual puede cambiar algo, cuando la reflexión habitual es que “si lo hago yo solo pero nadie más, no vale para nada”. Y ahí está el error. Hay un dicho valenciano que aplica a la perfección: “Toda piedra hace pared”. Es decir: cada acción cuenta, cada interruptor suma, cada luz apagada aunque sean quince minutos es una pequeña victoria. Cada trayecto andando en vez de en coche es un gesto valioso, y cada grifo del agua bien puesto un paso más en la dirección correcta. Cualquier cosa que hagas, en cualquier contexto, y suponga un ahorro energético, es útil y necesaria para combatir el calentamiento global. No lo olvides, ni el día 19 ni a partir de entonces: cambia tu para que el clima no cambie.

Y por todo ello apagaré la luz el día 19 de marzo, de 20:30 a 21:30, dondequiera que esté. Es una hora, ahorrarás dinero y te propongo una cosa: dedícala a leer sobre cambio climático. Si nos prestas sesenta minutos de oscuridad hoy, el futuro será más luminoso mañana.

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