Una sonrisa en Newtok o el porqué de este blog

La niña de la foto que encabeza este blog vive en Newtok, un pequeño pueblo de Alaska de menos de 400 habitantes. La fotografía es de Brian Adams y sería tan sólo una imagen más de la dura vida en tierras heladas, si no fuese porque la pequeña no crecerá en su pueblo. Se tendrá que ir de allí en menos de cinco años, como todos sus vecinos.

Newtok, Alaska (Foto: Charles Mason, NYT)

Newtok, Alaska (Fotografía: Charles Mason, NYT)

Recuerdo que, buscando noticias sobre cambio climático para una charla de hace un par de años, una me llamó especialmente la atención, lo cual es meritorio ante tanta información como produce el tema. En el periódico británico The Guardian hablaban de los primeros exiliados climáticos en suelo estadounidense. Aquella historia de frío y permafrost chocó frontalmente con las imágenes que iba encontrando para ilustrar los efectos de la subida del nivel del mar y el aumento de erosión costera: atolones y pequeñas islas del Pacífico, principalmente.

La historia de refugiados por causas derivadas del cambio climático no es nueva, a pesar de lo reciente del fenómeno. Tampoco los desastres ambientales en Estados Unidos. Y a pesar de ello, la fotografía captaba algo distinto: el futuro que se le iba a negar a aquella niña, y el hecho de que tocase tan de cerca a un país tan poco preocupado a nivel estatal e internacional contra el cambio climático. Comprobé, además, que la mayoría de los que vieron la charla también se sorprendieron: “Pero… ¿en Estados Unidos también?”

En EE.UU. también: aquí el retroceso proyectado de la línea de costa en Newtok, en un informe de 2009.

En EE.UU. también: aquí el retroceso proyectado de la línea de costa en Newtok, en un informe de 2009.

Y es ese “también” el que, en parte, me ha empujado a abrir este blog y a encabezarlo con la sonrisa de una niña de Alaska. Porque el cambio climático no va de fronteras, aunque sí de desigualdades. No va de futuros, sino de realidades tangibles que ya forman parte de las hemerotecas.

No sé si conseguiré algo de lo que me propongo con este esto. Quizás empezarlo con una historia de un pueblo al otro lado del mundo no sea buena idea, pero lo cierto es que las estrategias de comunicación del cambio climático (institucionales, ecologistas, científicas) han fallado una tras otra, estrepitosamente. Tenemos que empezar admitiendo eso. Aún no sabemos qué tecla tocar para enganchar a la ciudadanía, para ir más allá de los convencidos y de las pancartas, para llegar a todos los rincones.

Yo tampoco lo sé, pero no por ello dejaré de intentarlo. Nos leemos, porque aún no es tarde.

Anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s